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kvelda

Antianecdotario, valentía y un crucifijo

No creí terminar así. Todas las noches me llamaba. Gritaba mi nombre. Si dejaba que me consumiera el silencio, podía escuchar el aire a través de sus brazos. Me miraba y veía la luz rasgar el cielo. Pasaba horas y horas queriéndolo tocar. No había nada más que hacer desde esa mañana. Lo recuerdo como si hubiera sido hoy. El placer de verla, de sentir su cuerpo. Pero ¡ay de mí! Tenía que entrar el sacerdote justo en ese momento. Ni siquiera tuve tiempo de probar su sangre. Si hubiera luchado, si no hubiera sido valiente. Habría escapado y no me habrían encerrado allá arriba. Y no estaría aquí abajo. Si hubiera sido cobarde, no lo hubiera volteado a ver. Sabían que este era MI castigo. Pero ya nunca más. Nunca más me hablará, ya me lancé por la ventana y toqué –ARRANQUÉ- ese crucifijo que me juzgaba. Ahora está roto. Ahora estamos rotos.
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