Acercamiento, breve, en fin, a la ingravidez
Elevándome al suelo
estío en fuego
flotando cual cielo
sueño.
Elevándome al suelo
estío en fuego
flotando cual cielo
sueño.
¿qué pasaría si en vez de costillas
tuviéramos lanzas?
¿si en vez de dientes
tuviéramos clavos?
Tengo una fiesta en mi interior.
Mi cerebro funciona desde el 83.
La vida depende de aceptar la tristeza de los Superiores.
Todo lo sano es impráctico.
no te ataré
a la existencia del bebé
del tierno volcán
del dolor elemental
la vida es un espejo
rómpela en mil pedazos
y si el destello te cega
no estás hecho para esto
como si fuera arena
deglutiendo tu piel
devorando mi ser
gritando, acabando
(2marz05)
Usa tu adiós
Despierta mi corazón
Besa la niebla
Que mi mente enhebra
Sudor: calorsoporexcitaciónpérdidacatársislimpiezaafirmaciónpielregistroesperamiedo
Agua: el sudor.
El sudor es la manifestación de la salud, es una catársis fisiológica, no pedida, no solicitada. Es vital, es un baño de sal y toxinas, para ser absorbidas por el algodón de un nuevo día. Es un escape, es una afirmación, es sugerir una excitación a la piel. Susurramos con la piel húmeda que seguimos aquí, que pase lo que pase, nuestra huella de agua y minerales será registrada por otra piel, otros labios, otros sistemas.
Es un bálsamo, un sabor.
Una pasión sin armadura.
Es un animal, un amor.
Una luz contemplada,
Una noche en la garganta.
Es una Crema de Fuego.
Contenido, ingredientes, lo que el bálsamo presume:
1.Una breve ignición (invitación al deseo)
2. Una ciudad corre por mis venas
3. Volando aparece en mi vida
4. Un rojo enero para tí y para mí
5. El alimento de un momento, entrelazado y visceral
6. Es un bálsamo, un sabor
7. Una noche en la garganta
8. Perfume de fuego
9. La presencia invisible de las mil coincidencias
10. La memoria de mi piel es una muralla
11. Veo lo que quieres ver (eclipsas con tu fuego)
12. ¿Qué lluvia debo encender?
13. Es un animal, un amor
miren al viejo indecente
que besa a todo el mundo
aquel extraño hombre
de un sueño sucio
claro que sienten que llega
su rastro de amor deja
una fantasía de vieja espina
candente cariño tropieza
ahora gritan que llore
que escupa los besos prometidos
que se escurran por su cuello
y bañen el suelo hechizo
miren al viejo inerte
que toquen su cuerpo de suerte
una vida en los demás
lo han llevado al final
(ago04)
epílogo-
miren cómo resucita
cual enviado mental
desea un corazón
pues le han extirpado
el suyo
-aquel que de mi
pecho salte al sol- el anciano grita
-encontrará
a un
ajado
corazón-.
conversaciones inéditas
de oídos inundados de azar
confinados a un evento distante
de las almas que quieren regresar
a un anfitrión abierto al no
¿quién los escuchará roer los cielos
de carbón quemasdo por el invierno?
sentados en círculos de polvo
maravillados por las cenizas
que en sus bocas aterrizan
(ago04)
es un alma desnuda
nadie la ve, no vale lo que todos pagan
sólo unos perros de cuando en cuando
enseñan sus colmillos para jadear
y olfatear a quien teme observar
y cuando la desnudez se apodera de ellos
la canción se detendrá y la gota llorará
valientemente, con todos los corazones arropados
por el órgano de esa alma vaporosa
-este sacrificio es por ti-, algunos gritarán, mascullarán
-este invierno es por ti-, otras confrontarán,
pero la culpa de nuestra muerte precipitada
es de la piel que se ve, la piel fresca y
joven que se asoma por las rendijas
de mis dedos, de mis dientes, de mis
carnes apagadas.
Como observadores cotidianos de la realidad maquillada de los medios, como comunicadores masivos hacia dentro y fuera de una comunidad, nuestra naturaleza será seleccionar lo más importante e interesante de la porción de vida que se nos presenta frente a nuestras máquinas una cámara fotográfica, una cámara de video-, y la capacidad que cada individuo tiene de manifestar un criterio no agresivo de esta realidad es significativa. Como fotógrafo, como hombre calificado por la experiencia y marcado por la coraza de la industria de la imagen, siempre será necesario hacer una pausa dentro del remolino de situaciones, y dejar de opinar. Sólo observar. Sólo contemplar. Recordar que el visor de la máquina fotográfica es una invención del hombre, y que el mundo es más vasto que ese recuadro de dos centímetros.
El homo photographicus, el individuo que captura imágenes para la comprensión del medio que lo rodea, es un anti-inocente o bien, si se prefiere, un cazador. La presencia de su ojo mecánico en situaciones de poca o mucha complejidad emocional, implica una generalizada falta de respeto en la comunidad interrumpida. Es entonces, y sólo ahí, cuando la percepción sensibilizada del fotógrafo, por situarse en esa realidad, se desvanece y se trastoca en una agresión de sensaciones.
¿Qué sucede cuando nuestro ojo está cubierto por un instrumento de un valor económico mayor que el de la vestimenta de nuestro motivo? ¿Qué sucede cuando bajamos la máquina fotográfica al nivel de nuestro vientre y nos exponemos irónica expresión de la profesión- vulnerables con nuestros ojos puestos en el motivo? El motivo se convierte en individuo, quien deja de ser una imagen, algo capturable. Es único, es irrepetible, incorruptible e inalienable. Es inocente, antes y después.
La pureza del inocente se manifiesta en dos tiempos: el niño, la niña, los individuos cuya vida se desarrolla en una aparente sencillez, definida por la fuerza del trabajo diario, la simulación lúdica del caos, el frío y el sol; sin gasolina, sin poliéster. Por otra parte, la inocencia en su incorruptibilidad, la belleza intelectual de la ignorancia enciclopédica, mas no ignorancia de la experiencia; una inocencia que se manifiesta en la autenticidad de la sonrisa en el contacto humano; la necesidad de la supervivencia, y no la necedad del status.
A E.M.Z.
La noticia me despertó, y como un músculo tensado, busqué la tranquilidad del espacio vacío.
Recordé lo que sentía, así que respiré de nuevo -nunca lo dejé de hacer- y volví a lo inevitable.
Hacía ya tres años que las noticias no me provocaban tanta indiferencia emotiva, tantas contradicciones, tantos conflictos.
Hacía ya un segundo que el ente-etéreo-nunca-terrenal no soplaba y escupía, a nosotros, viscerales hormigas de sus labios. Cuando él quiera, cuando él lo sienta correcto. Y como el fuego es cosa del diablo, dejé de preocuparme.
Nuestra piel minimizada, nuestra piel ridiculizada. Un chillido silencioso humedece mis ojos. Un llanto imaginario humedece mis manos. Entonces fue cuando decidí ir.
Con la noche como mi cómplice y mi padre como carruaje, avancé a través de la húmeda tierra -bastaría culpar a las lágrimas-, mientras era agredido por el olor del copal.
Las miradas me cuestionaban. Las miradas me agradecían. Las miradas de aquellos que me importaban.
A la par de mis pulmones, que respiraban lo que todos y nadie, escuchaba los cánticos hipnotizantes, masificantes. "¿Quién vibrará?" -pensé- "¿Quién detendrá su aliento?".
Y atrás de mí, retadores, con su aliento despedazado, los pequeños pies se unían a los pequeños gritos, risas y sonrisas. No tienen porque saberlo. No tienen porque conocerlo. No tienen porque comprenderlo. Son sólo pequeños corazones saltando de cuerpo en cuerpo. Jugando a ser uno mismo.
Entonces, lo ví. Me acerqué y sintiendo lo que no, y gritando sáquenme de aquí, estaban sus ojos marcados por el sol, por la ausencia de una nueva vida. No imaginé lo espantoso de la comunidad, aquella que canta cuando nadie se lo pide. Sí, todos ustedes: recuérdenle al individuo la necesidad de necesitar la pasión de la sangre hermana has perdido, has perdido, pero nos sentimos como tú cuando comemos sentados.
Durante siete días, el cielo bajaba a esta pequeña morada gris; ahumada por nuestras exhalaciones de hoy no fui. Durante siete días, me permitía sentir lo que no sentía en tiempo jamás (el hablar me acabará el músculo). Durante siete días, su alimento fue la tranquilidad familiar, cubierta en estampida ante el apoyo de la nueva familia, reunida alrededor de la fotografía. Pero sin preocupaciones, porque no las merecemos. Más tarde, luego, después, radiantes sonrisas atravesarán ese lugar, confinadas a la felicidad, como él lo hubiera querido. Hoy lo lamento, mañana te extrañaré. Hoy honro tu memoria, mañana te recordaré. Descansa en paz. Hola, Gracias, Edgar.
(sin fecha, es una historia que todos viviremos alguna vez)
El límite de la percepción es la memoria.
La memoria, en forma de inteligencia, permite acumular las experiencias pasadas para modificar el presente tangible. Es, pues, una especie de red.
La necesidad de un recuerdo es inherente a la existencia, puesto que el presente es efímero. De la capacidad para recordar el pasado depende el éxito para sobrevivir el futuro que tampoco existe.
La percepción encuentra en el cerebro su protección temporal. Nada puede ser percibido, si no se tiene consciencia de que no ha sido ya percibido (reintegración y reconocimiento). Por lo tanto, la memoria economiza el tiempo, lo alarga y lo certifica.
La memoria se vale del recuerdo, como la imagen se vale de la percepción. El recuerdo es la manifestación de una experiencia pasada, y la memoria actúa como factor operacional para unir varias experiencias en una situación.
La memoria permite la repetición. El recuerdo es un elemento de la repetición, y se identificarán tantos recuerdos como repeticiones existan.
La memoria fija la percepción.
Se identifican cuatro tipos de recuerdo: reintegración, reproducción, reconocimiento y reaprendizaje. Se identifica, así mismo, la aparición del término re. Como ya se ha establecido, que una situación se repita significa tener consciencia de que existe.
La memoria nos hace humanos. Permite reconocer a nuestra familia los genes tienen memoria-. Permite reproducir la información, sin la cual nos sería imposible explicar el mundo.
Nada existe sin memoria. Nos sería imposible voltear hacia atrás, aún estáticos. Sería mortal.
La falta de memoria deviene en un peligro constante. La fisiología del olvido es tan pernicioso como un suicidio, y mucho menos consciente.
La memoria es una muralla. Es un puñado de arena, ante el viento-tiempo. Y cada grano de arena es un recuerdo. Esa es la importancia de la memoria.
La memoria es información detenida, congelada. Lista para usarse. Es química al alcance de nuestra cabeza.
La memoria está basada en la química. La excitación eléctrica de ciertas neuronas, provocada por los neurotransmisores, permite la recuperación de los recuerdos.
Así mismo, dentro de una interacción aprendizaje- memoria, casi arquetípica, nos permitimos crear nuevas conexiones electroquímicas. Nuevas sinapsis, uniones neuronales.
Recordar, etimológicamente, es re-cordis, que significa "volver a pasar por el corazón".
El beso de la mujer araña
Manuel Puig
A ella se le ve que algo raro tiene. Que no es una mujer como todas. De esta manera inicia El Beso de La Mujer Araña, la novela más conocida del escritor argentino Manuel Puig (también autor de La traición de Rita Hayworth y Boquitas Pintadas), quien emana de sus obras cierta ironía sentimental frente a la vida. Relata el proceso de reconocimiento que existe a través de unos cuantos meses entre Valentín Arregui Paz y Luis Alberto Molina, presos en la Penitenciaría de la Cuidad de Buenos Aires, Argentina.
En un principio, el autor presenta dos situaciones subjetivas muy distintas entre sí: mientras que Valentín es un perseguido político que lucha contra el sistema Argentino, Molina es una persona homosexual que es recluida por corrupción de menores.
Molina es homosexual. Molina es sumiso. Molina es imaginativo. Molina es un personaje sumamente emocional. El personaje se cierne sobre base prefabricadas de cómo un autor debe idealizar a alguien con esas características, pero es de notar que tiene una seria crisis de identidad... no sabe si hacer el bien o el mal. No sabe si traicionar o morir. Sin embargo, tiene una calidad humana de la cual se debe aprender: su mayor ambición durante el libro es salir en libertad condicional por buena conducta, para ser capaz de cuidar a su madre, para seguir viviendo, para poder tener algo para sí mismo. Y cuando lo tiene, aunque sea en su mente, será feliz. O por lo menos eso es lo que quiere creer Valentín.
Cabe destacar que esta novela podría parecer a grandes rasgos, un tratado mimetizado de la homosexualidad y del acondicionamiento que lleva a la libertad. A la liberación del sexualidad en el entorno en el que Valentín se desenvuelve, así como también a la liberación del espíritu a través de las ideas combativas de Valentín. Como reflejo de la descripción de la novela como un tratado mimetizado de la homosexualidad, en la misma se presentan, por causas casi ajenas a la línea de narración, hipótesis de los hechos que llevan a una persona a elegir su preferencia sexual a través de pies de página insertados a lo largo de las primeras tres quintas partes de la novela.
Sintetizado de la manera más superficial se tiene que el investigador ingles D.J. West presenta tres teorías del origen físico de la homosexualidad: la del origen hormonal (la cual no presenta datos definitivos, además de que se contrapone el hecho de que si fuera de carácter hormonal, sería curable); la de la intersexualidad, donde encuentra en Thomas Lang su máximo defensor, quien aduce que los varones serían genéticamente mujeres cuyos cuerpos han sufrido una completa inversión sexual en dirección a la masculinidad. La tercera teoría es la de homosexualidad por herencia, completamente descartada.
En cuanto al origen psicológico de la homosexualidad, Manuel Puig hace un recuento de teorías y opiniones, también a manera de notas de pie de página: El mismo investigador D.J. West considera tres interpelaciones psicológicas: teoría de la perversión, esto es, que el individuo elige la homosexualidad como un vicio cualquiera. La diferencia es que el vicioso elige deliberadamente la desviación que le apetece, mientras que el homosexual no puede desarrollar una conducta sexual normal, aunque se lo proponga. La segunda teoría es la de la seducción, que se basa en el hecho de que las personas que sienten deseos homoeróticos, generalmente son estimulados por otra persona, pero esto no asegura que sus deseos heterosexuales se detengan. Seguidamente, la teoría de la segregación: aquellos jóvenes que vivan con personas de su mismo sexo tendrían prácticas homosexuales que los marcarían para siempre. Sin embargo, S. Lewis aclara que, por ejemplo, los escolares pupilos tendrán probablemente experiencias homosexuales, pero esto está más vinculado con la necesidad de una descarga sexual que con la libre elección de su objeto amoroso.
En cuanto a la carga moral que se mantiene arraigado con el personaje de Valentín, idealista y con propensión a mártir, se hacen claras alusiones a su fuerte creencia en la justicia social; un ejemplo se presenta con el descontento del mismo cuando, en el tercer capítulo, Molina le cuenta un filme con seria propaganda nazi. Arregui pone en tela de juicio la trama de la película (situación que a Molina le despreocupa), ya que indican cómo es que los revolucionarios franceses llamados maquís podían ser tan cruelmente caracterizados, siendo despiadados, egocéntricos y, en una palabra, malvados.
Valentín es fuerte. Valentín es culto. Valentín quiere morir. Su trabajo está hecho. Valentín es, contrario a lo que parezca, capaz de Amar y de ser débil a causa de sus sentimientos... por lo mismo no quiere aferrarse a ninguna persona, sólo a sus ideas de libertad y justicia social. A diferencia de Molina, quien se siente escapar de la celda, pero de una manera feliz y casi enfermiza, Arregui sí ve más allá de la celda en la que están confinados, él acepta su realidad al tiempo que estudia, razona y ríe: puede ser un vicio escaparse así de la realidad, es como una droga. Porque escuchame Molina, tu realidad, tu realidad, no es solamente esta celda.
Transportando, así, de Molina y Valentín, a lo que los dos personajes en conjunto encierran. En palabras del mismo Manuel Puig, en entrevista que la revista La Crisis le hizo en 1986, la novela es un tratado acerca de los roles. Los dos personajes tienen roles muy definidos, y todo consiste en separarse de esos roles para empezar a vivir. (...) Es un relejo de lo que pienso de la homosexualidad y de cómo se debe dejar de ver la sexualidad como una característica de la identidad. Los dos personajes tienen temor de descubrir sus necesidades, las cuales se van dilucidando a lo largo de toda la novela. Estas necesidades van siendo acondicionadas para, como mencioné en el cuarto párrafo, ser libres: Molina llega a una libertad tranquilizante, cálida y silenciosa... tanto cuando está libre y observa durante 15 minutos el noroeste, punto cardinal donde está situada la Penitenciaría, para recordar e (una vez más) imaginar a Valentín; tanto si está memorizando los datos comprometedores del movimiento revolucionario encabezado por Arregui que podrían ser corrompidos por el sistema, a base de polenta descompuesta y torturas físicas al más puro estilo argentino; tanto si está besando a la persona que más quiere, la persona por la que él podría morir. Valentín alcanza, a base de golpes mentales y dolores amorosos acompañados de sus respectivas lágrimas como diamantes, una tranquilidad onírica y contagiosa en una conversación final con su querida Marta... es ese momento dónde se da cuenta que lo que él necesitaba no era la sensación ensimismada de sacrificarse y martirizarse, sino una mujer-araña... que lo enredara en sus redes para nunca dejarlo ir... y nunca lo dejó ir.